jueves, 8 de diciembre de 2016

El Sol y el Cuatro de Espadas



Hay dos niños casi iguales en el Sol del Marsella, me sugieren el mito de Castor y Pollux, hermanos gemelos, uno humano y mortal, el otro divino e inmortal, en un gesto de reconocimiento mutuo. El plexo solar, donde anida la vitalidad de nuestra individualidad, se ve compelido a integrarse a una voluntad mayor, más verdadera. El Sol brilla en la consciencia para decirnos que nunca estamos solos en el interno, por lo que nunca estamos solos en realidad. Esta carta, que representa la hermandad, la solidaridad, la cooperación, el amor entre iguales (almas gemelas) sale junto al Cuatro de Espadas. El acero es neutro, veloz y directo. Hiere si lo atacan, pero no aquí. En el cuatro busca reposo. Dicen que Excalibur cantaba cuando era desenvainada, pero aquí las espadas están en silencio. Es una carta que nos habla de orden, de sanación, de silencios sabios cuando no se tiene nada que decir.

¿Qué energías tenemos disponibles hoy?

Se hace consciente un aspecto importante que vemos en el otro, tomando como base que el otro se ofrece como espejo para que podamos ver precisamente aquello que en nuestro interior reclama presencia para sanarse. Por lo tanto, amor y prudencia hacen a una comunicación inteligente que no establece escala de valores. Todos somos un alma que ha encarnado para hacer una experiencia humana, desde ese lugar somos iguales. Pero ningún otro puede determinar si aprobamos o no aprobamos las materias de la vida, y viceversa, puesto que no son iguales nuestros estados de consciencia, son diferentes.

Hay un componente de compasión ausente cuando juzgamos el camino y la manera de recorrerlo de quien está en su propia senda, olvidándonos y perdiendo una energía que deberíamos invertir en nuestro propio provecho. Cuando dejamos de referenciarnos en el de al lado y nos enfocamos en nuestra propia misión, se habilitan los canales de sanación. Es decir, de auto-sanación. Es decir que a partir de allí inicia un camino que no es más que el reconocimiento de nuestra parte divina, porque sanarnos es iluminarnos. Pero esta información no se termina de instalar en nuestro sistema hasta que no la hacemos consciente.

Reconocernos en la oscuridad es lo que nos impulsa a buscar la luz, y para eso es necesario abrir los ojos del alma, porque la Luz siempre estuvo allí, en nosotros. Ser clemente con nuestros errores, perdonarlos y sanarlos es indispensable, y también es importante dejar que cada quien transite su propia vía. Si los caminos se cruzan, que esto sea en amor, comunión, respeto y hermandad.

Meditemos sobre esto y que surja en la memoria el loto de la compasión, cuya fragancia llega hasta nuestros días con el recuerdo de lo más puro y sano. Este es tiempo de meditar, que es el silencio que la mente se impone a sí misma cuando quiere oxigenarse y regenerarse. La fragancia del loto, cuando la dejamos ser, no tiene dirección ni fronteras.

 Reflexiones: Lo que hoy me dice...

viernes, 25 de noviembre de 2016

Sacerdotisa en su mundo



Foto de Instagram: mkarina_ortiz

“Mi mundo puede ser grande o pequeño, puede ser expansivo o cada vez más selectivo. Mi mundo puede ser incluso ambas cosas dependiendo de mi ánimo y de las circunstancias mentales del momento, pues en definitiva, un mundo late y vive convirtiéndose en reflejo de ese interior que lo crea.

Un mundo puede parecerse a una burbuja de jabón, puede ahogarme por el encierro o puede permitir que vea más allá de sus límites gracias a su transparencia, regalándome una apertura ilusoria. Estoy atenta a saber que un mundo creado a la medida de lo que creo necesitar puede ser limitante si la medida es la sensación.

Un mundo puede ser como un huevo y entonces deberé romperlo desde el interior. Dándome cuenta de esto, podré incluso saber cuándo hacerlo. Y si el mundo me expande y me empuja, entonces mi sabiduría y prudencia me guiarán, porque necesitaré dirección y contención.

O puede que sólo necesite meditar en un pequeño y apacible rincón de mi casa, contemplar mi jardín en silencio y guardar todo ese universo latente en una prosa secreta que me recuerde de vez en cuando de dónde vengo y hacia dónde voy, para no perder mi centro.”

Reflexiones, lo que hoy me dice…

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Si no te reconoces en ningun otro camino, será que tienes que labrar el tuyo propio


Nueve de Oros y Colgado. Foto de Instagram: mkarina_ortiz

El Nueve de Pentáculos aparece como la chamana que dice “La Tierra me ama, la sabiduría me rodea; entonces, un estado ideal me rodea”. Es el campo de la consciencia que sana y ancla en el cuerpo físico, llevándonos a una sensación de plenitud, de estar en paz con uno mismo y con todo. Esta energía se integra en nosotros cuando somos receptivos, por eso el Colgado renuncia al control, asume que debe dejarla ser. Y entonces dice:

“Es tiempo de internalizar la esencia de quien eres para que ésta empiece a manifestarse, para que reconozcas tu propio valor y el aporte que le haces al mundo. La autoestima es la capacidad de verte en las acciones brillantes sin que importe la mirada externa, lo verdaderamente importante es tu propia mirada.
Si no te reconoces en ningún otro camino, será que tienes que labrar el tuyo propio. Ese que ya has ideado, permite que aflore y se haga visible en el espacio de tu consciencia. Entiende que necesita ser visto por ti, reconocido por ti, para alumbrar.”

Reflexiones: Lo que hoy me dice

sábado, 19 de noviembre de 2016

Lo que hoy me dice: El Mundo



Los laureles de la victoria rodean al Andrógino, quien entre sonrisas susurra “Sostente con voluntad y en triunfo.”

Cuenta un antiguo mito griego que el ser humano alguna vez fue doble: mujer-mujer; hombre-hombre y andrógino (hombre-mujer). Y se dice que eran tan poderosas estas criaturas, que un día quisieron derrocar a los dioses.  Entonces, Zeus lanzó un poderoso rayo sobre ellos, no para destruirlos, sino para separarlos y así debilitarlos, para que nunca más aspiraran a tener el mismo poder. Y tuvo éxito, las partes quedaron separadas y siguen buscándose, manteniendo así los dioses su estatus de superioridad ante los hombres.

Esta es la leyenda que explicaría la historia de las almas gemelas. Alguna vez supimos que no éramos solo un cuerpo sino que teníamos un espíritu. Y no sólo éramos conscientes de tenerlo, sino que respondíamos a él y a nadie más. Esta comunicación plena de todas nuestras partes era lo que nos hacía poderosos, porque nos hacía libres. Nos liberamos al comprender que la Totalidad no depende de encontrar a alguien allí afuera parecido a nosotros, el alma gemela es nuestra propia divinidad.

El Mundo nos muestra la “foto” de lo que somos en esencia. ¿Qué tan lejos o cerca nos sentimos de esta imagen? ¿Qué tanto nos reconocemos en ella? La certeza de que somos una Unidad de materia y espíritu nos da la fuerza de los dioses, nos libera de ataduras y nos ofrece múltiples horizontes. Cuando meditamos con esta imagen, conectamos con esa certeza y dejamos de buscar afuera.  El Mundo nos recuerda que al ser conscientes de esto, las distancias que ‘separan’ nuestras partes se acortan irreversiblemente.

Reflexiones: Lo que hoy me dice..

El sacrificio del Colgado




Odín relata en su poema:
"Colgado", de Erina.

“Sé que estuve colgado de aquel árbol que el viento azota,
balanceándome durante nueve largas noches,
herido por el filo de mi propia espada,
derramando mi sangre por Odín,
yo mismo una ofrenda a mí mismo:
atado al árbol
cuyas raíces ningún hombre sabe
adónde se dirigen.
Nadie me dio de comer,
nadie me dio de beber.
Contemplé el más hondo de los abismos
hasta que vi las runas.
Con un grito de rabia las agarré,
y después caí desvanecido.
Nueve terribles canciones
del glorioso hijo de Bolthor aprendí
y un trago tomé del glorioso vino
servido por Odrerir.
Obtuve bienestar
y también sabiduría.
Salté de una palabra a otra palabra
y de un acto a otro acto...”

El Colgado nos recuerda la historia de Odín, el dios supremo de la mitología nórdica, que alcanzó la sabiduría y consiguió las Runas luego de entregar su ojo izquierdo y colgar nueve días de Yggdrasil, el Árbol del Universo, adquiriendo además el poder sobre la vida y la muerte. El relato nos explica así que la superación se alcanza a través del auto-sacrificio.

Observemos al héroe de la lámina que se ofrece para obtener su sabiduría única y personal. El Colgado es simplemente un observador que desde un aparente caos, contempla el caos sin implicarse en él. Pensemos que hay un propósito que lo impulsó a colgarse (o a dejarse colgar). Sin oponer resistencia, sin implicarse, sin hacer nada,  está haciendo; porque está permitiendo que una nueva información llegue. Pero para eso tuvo que colgarse, asumiendo una perspectiva incómoda pero finalmente lúcida. A partir de la no acción, todo su mundo se da vuelta y adquiere una nueva visión.

El Colgado nos propone meditar con esta lámina cuando necesitemos cambiar de verdad aquello que queremos cambiar. Cuando buscamos una respuesta diferente a lo corriente intuitivamente buceamos en nuestro interior para encontrarla, y este ejercicio puede ayudar a nuestra consciencia a abordar esta inquietud de forma original. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y Einstein sostenía sabiamente que “Es una locura hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Por eso, si hay alguien en el Tarot que puede catapultarnos hacia un nuevo enfoque, es el Colgado, porque nos ayudará a encontrar el punto de vista, la variante que no lográbamos ver. El Colgado no está suspendido porque sí, él nos conduce a la renuncia de la visión mundana de las cosas para alcanzar una visión superior. Hay sabiduría y madurez en esa entrega, una transformación interna por la que vale la pena esperar.