lunes, 17 de noviembre de 2014

Cuento: El portero


Erase un portero del prostíbulo del pueblo. ¿Qué podría hacer aquel hombre para mejorar su situación? Nunca aprendió a leer ni a escribir. Un día, el dueño del prostíbulo contrató a un administrador joven, creativo y emprendedor quien decidió modernizar el negocio. Hizo varios cambios y dio nuevas funciones a su personal.


Llamó al portero y le dijo: “A partir de ahora usted no solo estará en la puerta dejando a la gente pasar sino que además recibirá un cuaderno donde registrará a las personas que vengan, le dejarán comentarios y recomendaciones que deberá apuntar”. El portero con cara de tristeza le respondió: “Me encantaría hacerlo señor pero yo no sé leer ni escribir”. A lo que el administrador respondió: “¡Qué pena! Pero si no puede hacerlo entonces tendré que despedirlo y contratar a otra persona para su puesto”. El portero rogó: “Señor no me haga esto. Yo he trabajado aquí toda mi vida”. “No puedo hacer nada por usted, le daré una indemnización hasta que encuentre otra cosa. Buena suerte”, le dijo el administrador.


Sin otra cosa que decir el ex-portero dio medio vuelta y se fue. Sintió que se derrumbaba su mundo. ¿Y ahora? ¿Qué haría? Recordó que en el prostíbulo hizo varios trabajos sencillos de arreglos del mobiliario. Pensó que podría probar hacer ese tipo de trabajo por mientras hasta conseguir un empleo. Lo malo es que no tenía herramientas, solo unos clavos que ya estaban oxidados y una tenaza que estaba que se desarmaba. Decidió usar una parte de la indemnización en comprar una caja de herramientas completa.


Partió hacia el pueblo vecino pues era allí donde había una ferretería. Viajó dos días para comprar sus herramientas. A su regreso el vecino fue a su casa y le preguntó si tenía un martillo para prestarle. El ex-portero le dijo: “Sí, pero lo acabo de comprar y lo necesito para trabajar pues me quedé sin empleo”. “Pero se lo devolveré mañana tempranito”, le dijo el vecino. A lo que el hombre aceptó. El vecino a la mañana siguiente tocó la puerta muy temprano para avisarle que aún necesitaba el martillo. “Mejor véndamelo”. El ex-portero le dijo: “Pero lo necesito para trabajar y la ferretería está a dos días en mula”. El vecino le propuso un trato: “Yo le pago por esos días de ida y vuelta más el precio del martillo”. Esto significada 4 días de trabajo así que aceptó y volvió a montar su mula para ir al pueblo más cercano.


Cuando regresó otro vecino le dijo: “Usted le vendió el martillo al otro amigo, yo necesito herramientas y estoy dispuesto a pagarle por sus días de viaje hasta la ferretería del otro pueblo más un adicional. No tengo tiempo para viajar”. El ex-portero abrió su caja de herramientas y el vecino eligió lo que necesitaba. Le pagó y se fue.


El hombre al pensar que mucha gente necesitaría de su ayuda para ir al otro pueblo a comprar herramientas, aprovechó la oportunidad. Al siguiente viaje trajo más cosas de las que había comprado las primeras veces. El pueblo empezó a saber de este hombre quien se dedicaba a vender herramientas según las necesidades de sus clientes. Al poco tiempo con dinero en mano alquiló un depósito para almacenar herramientas, luego compró unos estantes y así armó la primera ferretería del pueblo. La gente estaba contenta de tener cerca un lugar así y compraban mucho. El ex-portero ya no viajaba, ahora hablaba directamente con los fabricantes quienes le enviaban sus pedidos.


Un día se le ocurrió fabricar las herramientas con su amigo el tornero. Hizo tenazas, pinzas, cinceles, martillos y clavos. En diez años, este hombre se volvió rico y decidió donar una escuela para su pueblo. No solo enseñarían a leer y escribir, sino también oficios prácticos como carpintería, tejido, etc. El Alcalde le entregó las llaves de la ciudad, un honor para un ciudadano. El Alcalde le dijo: “Queremos que firme la primera hoja del libro de actas de la escuela”. El ex-portero le respondió: “Me encantaría pero yo no sé leer ni escribir”. “¿Usted construyó un gran negocio industrial sin saber leer ni escribir?”, le dijo con asombro. “¿Qué hubiera sido de usted si hubiera sabido?”. A lo que el hombre respondió: “Seguiría siendo el portero del prostíbulo”.



Tomado del sitio Pymex.pe

Reflexiones: Lo que hoy me dice La Rueda

La Rueda de la Fortuna, Tarot Dalí
Me alejo de la idea de control. ¿Qué es el control? ¿Qué es lo que está bajo mi potestad, más que aquello que busco en mi interior? Sólo la voluntad de dar, el cómo, cuándo y a quién; y asimismo lo que decido recibir, sólo eso puedo controlar. Y es un tipo de control que aún sujeto a las pasiones terrenales, sigue siendo limitado. “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes” dijo el escritor y cineasta Guillermo Arriaga Jordán, ¿es lo mismo que dice La Rueda? La fuerza del destino es mistérica, incierta. Nos invita a cerrar los ojos y dejarnos llevar. Aun con el timón en una mano y la brújula en la otra, somos juguete de las olas del mar. Estamos a merced de los Elementos mucho más de lo que creemos. El control es ilusión, solo cuenta el deseo de prevalecer, de sobrevivir. 

Meditar con La Rueda implica trabajar con el cambio de circunstancias. El trabajo sería, mas bien, aceptar que a veces hay que adaptarse a lo que acontece. Nada es estático, nada permanece en su sitio. ¿Qué son la brújula y el timón  del pequeño barco que navegamos frente a las tempestades? ¿Decisiones? Sí, ¡siempre! Buscar aguas mas calmas o enfrentar la tormenta. Luchar o rendirse, esas son las decisiones que podemos tomar. Pero no podemos controlar la tempestad. La Rueda nos da un indicio del espacio que ocupamos en el esquema del universo, pero también nos da una buena noticia: los cambios, si los acompañamos con inteligencia y con actitud humilde, actuarán a nuestro favor.


La Rueda susurra: “Todos los caminos conducen al cumplimiento del destino. Si la Fuente Creadora es Destino, entonces la Rueda fluye eterna en esa dirección. El círculo no tiene principio ni fin, pero en su danza contiene propósito y misión.”

Afirmación para trabajar con La Rueda


Aprovecho en este momento las circunstancias que se dan para mi propio crecimiento.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Una mirada renovada y más optimista

“Cada momento y cada evento durante el paso de una persona por la tierra siembra algo en su alma.” Thomas Merton



Foto: El Juicio y el Dos de Copas – Tarot Rider Waite

En una atmósfera de bienestar, vemos nuestro entorno con una nueva mirada.  Hay un recomenzar. Muchas barreras se han vencido para llegar hasta aquí. Morir y renacer, perder para ganar. Como carta consejo para esta semana, El Juicio nos invita a reflexionar. Marca un momento en que recapitulamos, vemos todo lo que hemos hecho y asumimos las consecuencias de nuestros actos. Hemos madurado y nos disponemos a dar el siguiente paso. La lámina nos habla de elevación, de un despertar; es momento de cambiar de piel y sacarnos de encima los pesares producidos por la culpa de acciones pasadas o decisiones equivocadas. Abrimos los ojos. Vemos las cosas como son: nos vemos en el espejo y ponemos luz sobre esos aspectos de nosotros mismos que aun resisten acompañar ese despertar, pues el camino a la transformación que implica no admite auto-engaño. Tal vez esta sea la tarea más dura que nos propone El Juicio, pero en esta toma de conciencia en donde nos sentimos crecer, podemos darnos cuenta también que estamos listos para perdonar. Al aparecer esta carta junto al Dos de Copas podemos suponer que atravesaremos este proceso acompañados, contenidos y bajo una guía amorosa que puede ser un buen amigo que nos entiende porque ha estado precisamente en el lugar que estamos ahora, o recibiendo buenos consejos; o en un sentido más espiritual, sentirnos más cercanos con la Divinidad. Finalmente comprendemos que no estamos solos.


En un plano concreto y práctico, estas cartas pueden decirnos que se abren buenas chances para la comunicación en todos los sentidos: podemos recibir una llamada especial de un ser querido, un ascenso laboral esperado, una mejoría de salud o bien una mejora en una relación. El Juicio y el Dos de Copas nos marcan un camino auspicioso para transitar (interior o exteriormente) con la mirada en alto y el corazón abierto.


Que tengamos una semana llena de buenas noticias!