sábado, 11 de octubre de 2014

La Templanza


Ejercicio con La Templanza

Si en el trato con los otros no damos con amor y respeto nuestro tiempo y nuestras palabras, la comunicación termina siendo ruido sin sustancia, apenas banalidad, vacío infinito, cáscara. ¿Qué necesidad puede tener un ser humano de conectarse sin tener nada que decir o dar? ¿Por qué habría de aturdirse con ruido, cuando la música del alma es tan hermosa? La Templanza podría responder “No sueltes los vínculos con aquellos con quien puedas compartir una bella sinfonía, pero acepta que ellos vienen y van, así como nosotros vamos y venimos. Y aún en esa marea inquieta, que no es más que el camino hacia el próximo encuentro, date permiso para disfrutar del silencio.”