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El arcano escondido (VI)

Foto de Nicolás Bruno

Si bien la imagen es pesadillezca, percibo en ella la urgencia y la desesperación del Nueve de Espadas. Como si los pensamientos que no nos dejan dormir estuvieran hechos del mismo material que las pesadillas. Imaginando esta escena en ese contexto, vemos que los peligros nos persiguen allí donde no podemos escapar. Estamos a merced de los enemigos que nosotros mismos creamos fuertes e invencibles, pues los hemos alimentado con nuestras propias filosas ideas y hemos jugado con ellos en medio de tormentas desatadas.

No hay terreno más eficaz para ser torturados que la jaula que nosotros mismos levantamos en nuestra propia mente. Podría decirse que, apenas por el parecido entre las imágenes, aparece el Ocho de Espadas aquí; pero en la lámina del Tarot el personaje está quieto, espera ser rescatado, pues todavía no se da cuenta que puede rescatarse a sí mismo. No, nuestro amigo en cambio pelea por su subsistencia, rechaza ser víctima y corre. No sabemos nosotros ni él si tiene verdaderas posibilidades de salir airoso, pero en el aquí y ahora ha tomado la decisión de no someterse, de defenderse con puños y patadas como lo haría un Siete de Bastos, o a capa y espada como lo haría un Caballero de Espadas, ese que bulle en su cabeza y lo impulsa con ideas de justicia, de saber que merece esa lucha sin pensar en las consecuencias. “El momento requiere una acción decidida y confrontativa”, le diría este caballero, y no cabría otra cosa si su vida dependiera de ello. Entonces, al hacer caso de esa idea ya no habría Diablos ni Colgados ni Ochos de Espadas que puedan atar esa voluntad, su espíritu es libre. 

Preservarnos física, mental y emocionalmente de situaciones indeseables requiere necesariamente de acciones y decisiones que nos obliguen a vulnerar límites auto-impuestos para que esos terrores no nos empujen a un estado peor. Por eso es alentador ver a nuestro personaje corriendo hacia su liberación. ¿Qué lo hace correr aún sin ver hacia dónde va? ¿Escuchará acaso una voz gritándole “¡Por aquí!”? ¿De dónde surge esa voz, qué lo guía? 
¿Será acaso La Estrella que brilla con más fuerza en la noche, que aparece como un bálsamo que todo lo cura, la que lo ayuda a mantener la esperanza? Dejándose guiar por su instinto, nuestro personaje cree que puede liberarse y actúa en consecuencia.

Hay una esperanza latente en el sólo hecho de no resignarse ni entregarse al dolor provocado por otros o por nosotros mismos. 
Entonces vemos en La Estrella la brújula interior que nos guía por el mejor camino y la que nos permite creer que podemos recuperar nuestra paz y alcanzar nuestra libertad, nunca tan preciada como cuando nos vemos en cadenas.

¿Cuál es el arcano que ves escondido?


Foto: Nicolás Bruno.

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