No te rindas, pelea, ¡ruge!




No te rindas, pelea, ¡ruge!

No te dejes llevar por lo que otros te digan, cuestiona incluso tus propias creencias, esas que te limitan y te apresan. Esas que te dicen lo que no puedes o lo que no debes.  No des por cierto, entonces, todo lo que otros te digan, a veces es bueno pasar esos consejos por el tamiz de la propia experiencia. 

Sé absurdo de vez en cuando, ríete de ti mismo y deja que otros rían contigo. No te tomes tan en serio, eso te vuelve rígido y te arruga el semblante. Dale pelea a la vida, no te entregues fácilmente, lucha por ti, por quien eres. Lucha por aquello que le hace bien a tu espíritu, porque eso te dará salud. 

No te cierres a ti mismo las puertas de lo desconocido; porque no siempre en el camino que otros transitaron están todas las respuestas. A veces es bueno aventurarse por senderos alternativos y perderle el miedo a la oscuridad, o a la soledad. 

Sé rebelde, oveja negra o del color que prefieras. Vive según tus propias leyes mientras éstas no dañen a los demás. No te disculpes por pensar distinto y no te culpes por no caerle en gracia a todos. 

Apréciate mas, cuídate mas, valora tus obras por pequeñas que te parezcan. Anímate a decir “te quiero” cuando así lo sientas, pues nada enturbia más el corazón que saberla una oportunidad perdida.


No dejes de pelear contra todo lo que te obligue a ser gris, tibio, vulgar, mediocre, igual a los demás. No dejes que te convenzan de ser “normal”.



No te rindas, pelea ¡ruge! Porque esa es la diferencia entre vivir y durar.

* Texto inspirado en el Rey de Bastos *


 

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