martes, 4 de marzo de 2014

Maestros


Escrito inspirado en el Arcano V, El Hierofante.

En la naturaleza de algunos seres humanos se encuentra una profunda necesidad de compartir todo aquello que pueda proporcionar bienestar, abundancia y felicidad a los otros. No se les ocurre ni por un minuto conservar sólo para sí aquello maravilloso que han descubierto. Esas almas generosas han construido un camino o muchos caminos sin darse cuenta, y lo siguen haciendo porque tienen además una insaciable sed de aprendizaje que los impulsa a seguir avanzando. Entonces son una fuente de inspiración, pero también un primer peldaño apenas de una escalera infinita hacia nuestra evolución.

Pues demasiado pronto llega el tiempo de separarnos de los maestros para iniciar un camino interior, en donde la confusión y la oscuridad nos obligan a encender nuestra propia luz. No lo sabíamos aún pero eso era exactamente lo que tenía que pasar. Es en ese momento cuando nos damos cuenta que empezamos a hacer camino también nosotros, pues estamos en la vía, en la misión de honrar a quienes nos antecedieron transmitiendo lo que aprendimos, dando lo que hemos recibido. Nadie escapa a esta Rueda.  

Y cuando un maestro toma consciencia que con su labor no sólo prepara alumnos sino a futuros maestros, es cuando trasciende y comprende que su voz será eterna. Se hace más grande. La historia de la humanidad tiene notables ejemplos que han sido famosos y tiene también aquellos anónimos que tocan nuestras vidas de muchas maneras. Maestros de experiencias, maestros académicos, maestros espirituales, maestros de buenos ejemplos y por qué no, de malos ejemplos, nuestros padres y nuestros hijos, los amigos, los enemigos, incluso nuestra propia historia personal han de ser maestros que irán moldeando nuestro espíritu y nos ayudarán a trazar la ruta que hemos de seguir. Si es cierto que venimos al mundo con un propósito, son los maestros, incluso en la forma de dolorosos acontecimientos, los que nos ayudarán a no desviarnos. Las pruebas son maestros.


Pero ellos son las bases, y las bases son sólo eso y nada más, pues de nada servirán los conocimientos si no los aplicamos en forma práctica en la vida. Un buen maestro nos mostrará la senda y esperará que sepamos andar por ella sin muletas. Nos alentará a transitarla y jamás nos retendrá. Pues sabe en carne propia que la sed de aprender sólo puede saciarse en la acción, en la búsqueda. Nos dirá que para eso será imperioso que vivamos, que cometamos errores, que experimentemos. En la experiencia estará la confirmación de lo que nos funciona o no, permitiendo de esa forma que el conocimiento que nos ha sido transmitido siga latiendo y creciendo saludablemente. La vida es una gran escuela en la que todos, de una manera grande o pequeña, somos alumnos de alguien y somos maestros de alguien. Asumámoslo como un privilegio y también como una gran responsabilidad.