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Cruz Celta para una consulta sobre el amor

La sala estaba muy bien iluminada por una ventana que daba al Parque Rivadavia. Era un radiante día domingo, por lo que la dueña de casa podía permitirse dejarla abierta de par en par. La suave ondulación de la cortina permitía adivinar que la brisa cálida llegaba al cuarto piso con amigable ímpetu. 

La consultante venía por primera vez, por lo cual la anfitriona quería causar una buena impresión.  Se trataba de una amiga íntima de una consultante de muchos años y, aunque no solía recibir a nadie los domingos, decidió hacer una excepción.

Tal como sospechaba y pudo confirmar después, el caso no era de vida o muerte y no requería de atención urgente, pero no quiso quedar mal con una consultante que la recomendaba permanentemente. Mientras reflexionaba sobre estas cosas, se daba a la tarea de embellecer el espacio de la consulta, haciéndolo con verdadera reverencia y respeto por su tarea. Su mente ya estaba puesta en modo “Tarotista”. Dispuso en un rincón de la sala un jarrón con coloridas flores frescas, puso música suave y encendió un sahumerio de coco que pronto llenó la habitación de una riquísima fragancia. Eligió cuidadosamente el mazo que iba a utilizar y desplegó sobre la mesa el mantel habitual. Decidió colocar allí un pequeño cuarzo blanco que trajo de unas vacaciones en San Juan, junto a su amada bola de cristal.
Apenas había terminado con esta tarea cuando sonó el timbre. Era Daniela.
Tras las presentaciones, ambas sentadas a la mesa decidieron comenzar con la sesión. La consulta tenía que ver con temas amorosos “¿Podré rehacer mi vida amorosa?” Preguntó Daniela con algo de rubor en el rostro. Algo había adelantado: había cumplido 37 años el mes pasado y aún no tenía una pareja formal. La relación más seria que tuvo en su vida había terminado hacía 10 años y, aunque aseguró que aquello ya había quedado atrás y estaba lista para otra relación, reconocía que no le iba bien en el amor.
La tarotista entendió que Daniela necesitaba un consejo más que una respuesta. Pensó que una Cruz Celta podría brindarle ambas cosas, y entonces desplegó las cartas para que su consultante eligiera los diez arcanos que hablarían esa tarde:

1) El Emperador; 2) El Mago; 3) La Estrella; 4) El Ermitaño; 5) Los Amantes; 6) El Diablo invertido; 7) El Sol invertido; 8) El Mundo invertido; 9) La Rueda; 10) El Carro.
Lo que reveló la tirada fue a una persona inteligente y muy fuerte, podría decirse que hasta dominante. Posiblemente su independencia y capacidad de valerse por sí misma fuera una “amenaza” para los hombres de su entorno social, o tal vez  ella misma es la que se impone parámetros muy altos para elegir pareja.
Lo cierto es que está en la búsqueda de alguien que la inspire, de encontrar ese amor puro y sincero. Pero su búsqueda se ha prolongado más de la cuenta y la soledad que en un principio buscó, hoy le pesa y la vive con angustia.
Los Amantes exponen que su gran amor del pasado está todavía en su pensamiento y éste se ha convertido en su “ideal” de pareja. Sin embargo, ese vínculo ya no existe ni volverá a formarse. En ese sentido El Diablo invertido no deja lugar a dudas, y así lo entendió Daniela al mostrar una mueca de decepción.
Daniela es relativamente exitosa en su vida, tiene todo para ser feliz pero se siente incompleta. Necesita encontrar pareja, su complemento. Y posiblemente su propio entorno no ayude demasiado al hacerla pensar así, que no está completa. Las cartas 7 y 8 revelan falta de armonía en su vida, sus vínculos no son del todo sanos ¿Cuánto está afectando su familia a esta mujer segura e independiente al hacerla pensar que todos sus logros y méritos no son suficientes?
Su mayor esperanza es que su situación sentimental mejore y sin duda lo hará. Se sobrepondrá de este ciclo de tristeza y saldrá adelante, no sin esfuerzo de su parte. Daniela asiente.
Entonces aquí, la tarotista le da por fin la respuesta a su pregunta y arranca la primera sonrisa de su consultante: Podrá rehacer su vida sentimental. El consejo sería soltar el pasado y mirar hacia adelante. Dejar fluir el momento y centrarse en su propio valor. ¡Su propio valor! El que ella sabe que posee.

 Daniela se despidió con un gran abrazo. Se fue a su casa meditando sobre todo lo que acababa de escuchar. No eran palabras nuevas, íntimamente lo sabía, pero éstas cobraron un sentido más claro y el objetivo quedaba de manifiesto. Entendía qué cosas debía modificar en ella misma y de su entorno para poder sentirse plenamente completa, llegase o no su próxima pareja. Se sintió agradecida, fortalecida. Empezaba un nuevo día para ella.

La tarotista suspiró hondo cuando cerró la puerta de su casa. Sonrió porque sintió que había cumplido su misión, había ayudado a alguien. Y se sintió agradecida, fortalecida. Y empezaba otro día para ella.

Cuento desarrollado a partir de un ejercicio de tarot con Arcanos Mayores.

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